lunes, 5 de septiembre de 2011

Y que le follen al mundo, porque sin el no soy nadie.

Mirarse en el espejo y no reconocerse es la primera prueba para entender que las cosas no van bien.  Tienes otra piel, otros ojos. Tus labios muestran desperfección y tristeza.  Una expresion de desconocimiento total sobre ti misma te inunda. ¿Quién eres?  No pareces esa chica vivorosa y alegre que siempre te caracterizaba.  Esa chica luchadora y que jamás se rendía, ¿Dónde está?
Ahora todo lo que tienes es una fachada que te ayuda a fingir por tus propios medios una actitud y un estado de ánimo totalmente contrario al real.  Muestras indiferencia, fuerza, poder, muestras ganas de seguir, de lograrlo. Pero lo que se esconde tras esa horrible fachada es mucho peor de lo que parece.
Se esconden gritos, lágrimas, miedos, suspiros, tristeza, descomprensión, ganas de dejarlo todo, de romper todo lo que se te pase por el camino, impotencia.
Una fachada quizás sea lo mejor o...quizás no pero, ¿quién lo sabe?
Sentirse perdida en tu propia casa es algo extraño y doloroso, que tu familia note como tus ganas de todo disminuyen y que incluso tu manera de andar ha cambiado.
Que no comes, ni duermes, ni bebes, ni sales.